“And In The Darkness, Hearts Aglow”: la luz de un corazón roto

Escúchala como en la Primera Emisión de MVS Noticias con Luis Cárdenas

Un mundo al borde del fin. Flores se marchitan bajo una pesada niebla de desesperanza. Las personas se alejan unas de otras bajo la ilusión de contacto tecnológico y abrazos a través de pantallas. El amor se pierde entre voces reprimidas. En la oscuridad, la luz renace desde los pedazos de corazones rotos.

En 2019, antes de la pandemia que puso en jaque al planeta y la sociedad, Natalie Mering, bajo el nombre de Weyes Blood, previó un colapso global en su álbum “Titanic Rising”. Ahora, nos presenta su segunda parte, “And in the Darkness, Hearts Aglow”, donde a través de 10 canciones, narra su perspectiva desde su apocalipsis y el de todos a su alrededor.

Mering inicia “It’s Not Just Me, It’s Everybody” junto a su piano. Habla de su soledad ante una multitud que la ve pero no la conoce. Sabe que la observan pero ni siquiera ellos saben quienes son en realidad. Sin embargo, a medida que avanza, más voces se le unen, son aquellos abandonados que sienten la misma desconexión; les da la compasión que todos niegan. Ya no es la única. Se acompañan en su soledad: el primer paso para salir adelante.

Si bien la desesperanza reina en este escenario apocalíptico, Mering nos presenta dos ejemplos de amor a pesar del derrumbe silencioso de su mundo. Primero, en “Grapevine”, cuenta la historia de un amante que la aleja aún con el poder que le dio sobre su cuerpo. Sin embargo, para Mering, un corazón roto es la mayor expresión de amor, ya que fue alguien que se arriesgó al dolor con tal de vivir lo sagrado del amor.

Por otra parte, en “Hearts Aglow”, decide justamente tomar el riesgo y tomar de la mano a alguien; lo abraza, a pesar de la oscuridad a su alrededor. Como una balada retro, canta la alegría de ver, aunque sea por un momento, la luz de nuevo en su pecho. Se elevan sobre el mar. Su voz se replica al infinito, a través del agua negra, y tiembla por miedo de caer de nuevo al abismo.

Un espejo de agua. En “God Turn Me Into a Flower”, Mering reinterpreta el mito de Narciso, en un tiempo donde la selfie es dictadura en internet. En su versión, Narciso confunde su reflejo con otra persona, alguien tan perfecto que lo entiende por completo, y en su afán de alcanzarlo termina ahogado en el estanque donde se miraba. ¿Cuántos no se habrán perdido buscando perfección frente a su pantalla sin saber que siempre estuvo dentro? Al final solo queda una flor, rodeada de pájaros y viento, como recompensa para aquellos que por fin encontraron su libertad.

“The Worst Is Done”, lo peor ya terminó… o quizá apenas comenzó. Sin mencionar explícitamente la pandemia, Mering, al igual que todos, sabe que no se puede volver a la normalidad tras una catástrofe. Tantos cambios la rompieron, nos rompieron, y lo peor es aprender a vivir de nuevo. Una alarma suave se difumina tras su guitarra y luces de sintetizador: es momento de salir y volver a unirnos.

Natalie Mering, Weyes Blood, sacó los pedazos de su corazón sin saber que muchos sentirían lo mismo tras estos años difíciles. La luz en su pecho deslumbra, junto a la de miles de personas. La catástrofe quizá sí pueda ser detenida, pero eso lo sabremos en unos años, cuando nos traiga el final de esta historia.

TRACKLIST

  1. It’s Not Just Me, It’s Everybody
  2. Children of the Empire
  3. Grapevine
  4. God Turn Me Into a Flower
  5. Hearts Aglow
  6. And in the Darkness
  7. Twin Flame
  8. In Holy Flux
  9. The Worst Is Done
  10. A Given Thing