Después de los ataques perpetrados por las manifestantes del movimiento del 8M, en particular por el grupo conocido como «bloque negro», contra las mujeres policías que se encontraban desplegadas frente al Palacio de Gobierno del Estado de México y el Parque de la Ciencia Fundadores, algunas de las integrantes de la marcha limpiaron la cara de las agentes y sus cascos, y las abrazaron mientras pedían disculpas por las agresiones.
Algunas jóvenes se acercaron con pañuelos para retirar la pintura roja y blanca que había caído sobre el uniforme y el rostro de Silvia Domínguez Alcántara, jefa de servicios a cargo del dispositivo de seguridad, y expresaron que «ellas también son mujeres y sí, ellas también sufren violencia».
A pesar de que las manifestantes arrojaron latas de aerosol, latas de refresco, agua, pintura blanca, roja y carteles contra las policías, estas últimas se mantuvieron firmes y no respondieron a los cuestionamientos de las mujeres que se preguntaban por qué solo se designa a mujeres para estos dispositivos.
Una de las policías, quien portaba un letrero rosa que pedía que no la agredieran, derramó algunas lágrimas mientras las demás se protegían con sus escudos. Sin embargo, algunas chicas se acercaron para abrazarlas y, emocionadas hasta el llanto, pidieron perdón por las agresiones.
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