A finales de marzo de este año, un cabo del Batallón de Infantería fue asesinado por agresión con arma de fuego en Culiacán, Sinaloa. Unos días antes, un soldado del Regimiento de Caballería Motorizado cayó durante un enfrentamiento con un grupo criminal ocurrido en Ciudad Mier, Tamaulipas. El homicidio de otro cabo, esta vez en Caborca, Sonora, quedó registrado a principios del mismo mes.

Los reportes oficiales sobre bajas castrenses constituyen una bitácora de la cantidad de enfrentamientos, muertos y heridos desde que comenzó la llamada “guerra contra las drogas”. El asesinato de militares nunca fue tan alta como al final del sexenio de Felipe Calderón: en 2010 fallecieron 47, en 2011 hubo 40 decesos y para 2012 la cifra alcanzó de nueva cuenta las 47 defunciones.

Con la llegada de Enrique Peña Nieto los índices se mantuvieron debajo de los 24 homicidios anuales de militares y alcanzaron su registro menos violento en 2018, con 11 uniformados caídos.

A tres años y medio de iniciada la política de “abrazos, no balazos”, impulsada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, la cantidad de asesinatos de militares bajó 50 por ciento, con respecto a la primera mitad del sexenio anterior.

Con información de Milenio