Hipólito Mora, antiguo líder y fundador de las autodefensas michoacanas, fue víctima de un asesinato ocurrido este jueves en La Ruana, un pequeño pueblo del municipio de Buenavista, en el Estado de Michoacán. El agricultor, quien se levantó en armas en 2013 contra los grupos criminales que azotaban su región, fue atacado por un comando armado mientras se desplazaba en su vehículo blindado. El incidente también resultó en la muerte de sus dos escoltas. Las amenazas que Mora había recibido durante mucho tiempo llevaron a la Secretaría de Seguridad Ciudadana a asumir su protección. Según Guillermo Valencia, antiguo alcalde de Tepalcatepec y amigo de la víctima, el vehículo blindado de Mora fue incendiado después de los disparos realizados con un arma de gran calibre, como se puede apreciar en los vídeos que han circulado del ataque.
La región en la que ocurrió este trágico suceso es conocida por ser una de las más violentas de México, donde los cárteles Jalisco Nueva Generación y Carteles Unidos han estado disputando el territorio durante años. El antiguo líder de las autodefensas había sido blanco de los narcotraficantes, quienes habían puesto precio a su cabeza. Mora ya había sido objeto de ataques anteriores, y su casa fue baleada poco antes de este fatídico atentado. Incluso uno de sus escoltas, Jorge Alberto Correa, fue asesinado en Uruapan el pasado 14 de mayo.
La vida de Mora estuvo marcada por las constantes amenazas del crimen organizado. Recibía amenazas diarias a través de llamadas telefónicas, mensajes de texto y vídeos en redes sociales, todos provenientes de los narcotraficantes.
Las reacciones a la muerte de este personaje histórico, quien incursionó en la política durante un tiempo, han sido diversas y polarizadas. Felipe Calderón, presidente de México de 2006 a 2012, expresó su tristeza y envió sus condolencias a la familia de Hipólito Mora a través de Twitter, uniéndose a las demandas de justicia de quienes lo conocieron. Por otro lado, el antiguo gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, comentó el asesinato de Mora, afirmando que la Tierra Caliente se ha convertido en una zona de guerra debido a las políticas erráticas del Gobierno federal.
Junto con otros agricultores, Mora se levantó en armas contra los Caballeros Templarios, una de las mafias más notorias de México, caracterizada por su combinación de creencias sectarias y producción de metanfetaminas, así como por extorsionar a agricultores y comerciantes en Michoacán. Las autodefensas lograron expulsar a los Caballeros Templarios de la región mediante enfrentamientos armados, lo cual requirió la intervención del Gobierno para pacificar la zona.
Una vez que el conflicto se había calmado en cierta medida, a los miembros de las autodefensas se les ofreció la oportunidad de unirse a las policías rurales, con el objetivo de desarmar a estos combatientes acostumbrados a la guerra y prevenir la posibilidad de que perdieran el control. Mora aceptó la propuesta, pero a lo largo del camino tuvo encuentros con la justicia. En una ocasión fue detenido bajo sospecha de haber asesinado a dos personas cercanas a otro líder comunitario conocido como El Americano, y también fue arrestado por su participación en un tiroteo. En ambas ocasiones fue puesto en libertad.
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